El trigo es el cereal más cultivado y consumido del mundo. Forma parte de nuestra dieta diaria y se encuentra en la mayoría de productos procesados que encontramos en el supermercado. Sin embargo, desde hace un tiempo su fama se ha visto comprometida por los diversos estudios publicados sobre las harinas refinadas, ya que han demostrado consecuencias perjudiciales para nuestra salud, como puede ser fomentar los picos de azúcar, la obesidad y otras enfermedades como la diabetes.

Por ello, han resurgido otras variedades de cereales que habían sido olvidadas o que resultan completamente nuevas para los consumidores. Seguro que has escuchado y visto productos que ahora incluyen entre sus ingredientes espelta o kamut. Sin embargo, no dejan de ser variaciones del popular trigo. Por ello, vamos a mostrarte los diferentes tipos de trigo o lo que creemos que es trigo:

Trigo duro

Este es principalmente conocido por su uso en pastas, ya que posee excelentes cualidades de cocción. Su germen es mucho más duro, lo que supone un mayor esfuerzo a la hora de molerlo (razonando así su denominación).

A nivel nutricional, consta de menos almidón debido al intenso proceso de molienda al que es sometido. Este hecho provoca dos cualidades en su harina:

  • No puede utilizarse para producir pan, ya que el rendimiento de fermentación es inferior.
  • Además, lo convierte en la opción perfecta para trabajar con él. No recupera su forma original ni se rompe, consiguiendo así el ingrediente ideal para elaborar pasta.

Trigo sarraceno

Aunque su nombre nos haga pensar lo contrario, no es una variedad de trigo. Se le considera popularmente un cereal pero, a pesar de compartir ciertas similitudes, no pertenece a la familia de las gramíneas (como el trigo, el arroz, el maíz, la avena, o el centeno), sino a las poligonáceas (como el ruibarbo).

Además, su nombre también nos lleva a confusión por el uso de la palabra “sarraceno”, ya que no tiene origen arábigo, sino asiático.

Una de sus cualidades destacadas es que no contiene gluten, pudiendo los celíacos disfrutar de este alimento con total tranquilidad. Además, nos ofrece proteínas de alta calidad, aminoácidos esenciales, minerales y antioxidantes muy beneficiosos para la salud.

Asimismo, es un pseudocereal que cuida nuestro corazón (ya que reduce el colesterol), mejora nuestro tránsito intestinal debido a su alto aporte de fibra y mantiene nuestros niveles de azúcar estables por más tiempo (debido a su bajo índice glucémico), siendo una opción perfecta para personas que sufren diabetes.

Espelta

Es una de las opciones de trigo que más “boom” han tenido. La espelta es una “versión antigua” del trigo, que se utilizaba miles de años atrás y que desapareció de los cultivos durante un largo periodo de tiempo. Reapareció en nuestras vidas por sus apreciados valores nutricionales en comparación con el trigo común.

Una de sus peculiaridades es que resulta más difícil de trabajar, pero es un cereal más digestivo.

Además, a nivel de cultivo es mucho más resistente ante enfermedades y cambios bruscos en el clima gracias a su dura envoltura.

Kamut

Caemos en el error de reconocerlo como un nuevo cereal, cuando en realidad es una variedad del usual trigo que conocemos. Su nombre significa “trigo” en el idioma del antiguo Egipto. Vivió un proceso similar a la espelta. Se trata también de un cultivo que se rescató por sus propiedades nutritivas (como su mayor contenido en proteína y fibra, entre otros), ya que no se había sometido a modificaciones genéticas.

Desde hace pocos años se han comenzado a elaborar productos con esta harina, como pan o galletas. Sin embargo, en la actualidad continúa como algo excepcional, ya que generalmente solo se encuentra en tiendas especializadas en alimentación natural o ecológica, o en panaderías poco comunes.

Este grano consta de un tamaño dos o tres veces mayor al del trigo blando, y es muy rico en nutrientes esenciales: posee una concentración 20% – 40% mayor de proteínas, hasta el doble de lípidos y de ciertas vitaminas como la B1 y B2, cinco veces más cantidad de vitamina B3 y E, y entre dos y cuatro veces más densidad de minerales como el calcio, potasio, magnesio, fósforo y hierro, realizando una comparación con el grano de trigo blando que se ha empleado tradicionalmente.

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