Espelta, mijo, quinoa…, son probablemente términos que nos resulten familiares, y en el mejor de los casos, somos capaces de relacionarlos con la alimentación. La quinoa, porque está de moda, probablemente, y se reconoce bastante en nuestra generación, cada vez se habla más de ella y sus propiedades, pero el mijo o la espelta, seguramente le suenen más a nuestros padres o abuelos.

Aún así, muchos de nosotros los identificaríamos más como ingredientes que acompañan en la alimentación que como productos en sí mismos. En todos los casos se trata de cereales que son conocidos como “antiguos”, antes se consumían mucho más y a día de hoy están menos presentes en nuestra dieta habitual.

A lo largo de la historia, hemos reducido las más de 30.000 especies de plantas comestibles a unas 6.500 especies normalmente cultivadas para producir alimentos. A pesar de ello, en la actualidad solo utilizamos 170 cultivos a una escala significativa a nivel más usual y comercial. Y, para mayor atención, siguiendo la relación, lo habitual es que sólo unos 30 de estos cultivos sean los más considerados en nuestra dieta diaria.

Miles de cultivos han sido “olvidados”, bien porque conllevan grandes costes de producción, o porque sus condiciones climáticas óptimas se enclaven en pequeñas localizaciones. Otros de los factores posibles serían por bajo rendimiento o por desconocimiento. ¿Cuántas veces hemos visto en reportajes en revistas o televisión variedad de  frutas y verduras de colores y sabores inusuales? Este hecho, nos está haciendo perder oportunidades de descubrir nuevos sabores y sobre todo de beneficiarnos de maravillosos nutrientes.

Lo bueno de las modas, es que lo tradicional suele volver, en este caso, a la mesa, y lo mejor, es que llega aportando multitud de vitaminas, nutrientes y otros elementos muy necesarios a nuestra salud. Y ganamos también en variedad.

Aquí queremos “recordar” algunos de estos alimentos que vuelven para aportar.

  • Espelta: es una variedad de trigo antigua. Contiene mayor contenido de proteínas que el trigo común, sus hidratos de carbono son mayoritariamente complejos y contiene bastante fibra, lo que le convierte en un cereal de bajo índice glucémico. Esto significa que el organismo lo asimila de un modo lento y progresivo, al contrario que el trigo, por lo que se considera más saludable.

  • Chia: son unas semillas conocidas como “superalimento”,  ricas en grasa “buena”, fibra y vitaminas. Ofrece diversos beneficios para la salud como bajar el colesterol, pero no hay que olvidar que su consumo debe ser responsable.

  • Mijo: es un pequeño cereal muy parecido al cuscús (siendo este de trigo) rico en hierro y en magnesio.

  • Pitaya o fruta del dragón: esta se conoce como un tesoro nutricional, ya que es rica en Vitamina C, contiene vitamina B, antioxidantes, calcio, fósforo, hierro, alto porcentaje de agua, proteína vegetal y fibra soluble. Una de sus propiedades más destacadas es su acción antiinflamatoria y antioxidante.

 

Con el suficiente apoyo político en forma de ayudas para financiar estos cultivos tradicionales, estos otros productos podrían incorporarse en mayor medida al mercado mundial de consumo alimenticio. Los beneficios son claros, un mayor aporte a nuestra salud por sus buenas propiedades nutricionales, y una mayor diversidad, variedad y riqueza en nuestra dieta.

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